Primera de Abono.
Diestro: Rafael Cuesta. 10 abril 2026.
Reapareció el diestro Rafael Cuesta después de una pila de años. Rictus apacible, de veterano centurión tras "La Guerra de las Galias". Además, su ánimo se siente silente, templado por los picadores que a diario le rebuscan la despensa y le sajan la paciencia. Le imagino estoico y sereno como un Nazarín de Buñuel, tras la barra, en el burladero de la Bodega Romero de la calle Arfe.
Sabido es que ha superado su particular "Idus de Marzo" tras Morante y José Tomás. Premisa Mayor.
Tres de la tarde. Encerrona de Sobreros Gaudiosos en un salón del Hotel Colón. Los toros lidiados eran del Hierro de San Gaudioso, más que del tirillas de San Filastro cuyas inclinaciones líricas le llevan a menudo a éxtasis místicos en los que le huega todo lo terrenal.
Paseíllo bastante lucido a través del recibidor del hotel, y sobre todo, bajo el redondel de su grandiosa cúpula. Al artista le acompañó su mejor monosabio, Jesusito de Triana, conocido también como El Niño de Las Golondrinas. La Banda del Maestro Tejera solfea los compases de "Nerva" cuando entra el binomio en el refectorio, la atmósfera repleta de azahar se curva en un bucle que ralentiza el tiempo como en un reloj de Dalí.
En el coso, metidos en harina torista, el primer bravo salió escopetado del mingitorio. De nombre "Fausto", era escurrido, astifino y cabezón. Le dio al Maestro, algunas fatiguitas, por su insistencia en buscarle las carnes magras o el mondongo, y por sus inesperadas derrotas a interpelar divagatoriamente.
Aún así, el torero supo sacarle los cuartos con el capote gracias a varias buenas series de pases dialécticos. Y a la postre, supo humillarle y hacerle hincar las pezuñas en el centro de la mesa repleta de tartares, burratas y croquetas.
Aleteo de palmas del respetable cuando arrastraban al morlaco las mulillas de los camareros.
Si segundas partes nunca fueron buenas, es que el que lo dice no estuvo ese día allí. El de la extirpe de Cúchares paseó el capote de brega como un Carrancano el incensario, y la bestia, inquisidora, avispada pero sahumada por la palabrería de pases se entregó en un descabello con derecho a café, copa y puro.
Cuarto y mitad de olés, bravos manufacturados allí mismo por los apóstoles gaudiosos, y una oreja con vitola hecho crotal de menú, me atrevo a asegurar que fue la aurícula derecha, sí, lo certificó.
Del tercero, qué decir: bragado y tuerto de un pitón, asustaba sólo verle preguntar al tuntún. Era un cuñao de toro. "Cuñao" firmaba cuando se arrancaba sobre el albero del mantel.
Con arte y valor, Cuesta supo desarmarle dándole cuerpo oratorio. Una Catilina
como la de Cicerón le administró, además, destilando gallardía, le ganó el terreno voladizo debajo de los cuernos para colocar sus pies bien asentados, y mandar. Mágnifica faena de capa, y mejor de estoque.
Premio para el caballero: dos orejas y algarabía de Día Grande.
Arrestos aparte, con el cuarto, el otrora banderillero de La Gavidia, armado con los dos palitroques, hizo de Teseo. Así supo sacar de las tablas a "Rulo" y le administró una ensalada de "Revoleras", "Manoletinas", "Verónicas" y derechazos a modo de explicaciones, que el animalito de 560 kilos, cuando se dio cuenta estaba en los medios, fuera del laberinto mangurrino de su dehesa.
Suerte Suprema: a recibir. Un "cum laude" le otrogó el público y una sonrisa, Lolo El Ecónomo. Histérico perdío, un señor con gorra del Tendido 10 le pidió al espada, un hijo suyo. Se tuvo que conformar, el del traje de luces y el de la boina, con otras dos orejas porque el presidente era de Bavia, contemplativo y roña. ¡Vaya tela!
Del quinto poco que decir, que el mismo toro sólo respondía cuando se le citaba por su nombre: "¡Quinto!"
Augurio del vacío que precede al paroxismo de la torería.
Por lo tanto, faena de aliño y adiós muy buenas.
Con el último, hubo un momento eucarístico: el sol brillaba, el tío de las pipas gritaba "¡Chochos, tengo chochos salaos!", los abanicos de las Lolas resoplaban vahos perfumados con Agua de Sevilla, y encima, la Banda tocaba "Suspiros de España". Justo con el chimpún musical se desató entre el toro, el público y la faena del toreador, uno de esos momentos que salen en los libros tauromacos como hitos mágicos. Una comunión tal que parecía que todo era un sueño.
Sexto toro. Claro, se llamaba "Sixto". Zaíno y meano, con giba de camello y la lira del Rey David en las astas, colmado de trapío florido, bravura y mirada retadora.
El lidiador de La Gavidia, mandó, mandó y mandó, más que un General en la batalla. Arrulló al preguntador hasta lograr un silencio litúrgico. La faena se retorcía con volutas de respuestas y arabescos de anécdotas hasta que, agotado el cubata, remató la sobremesa con un mutis por el foro, largo, lento, elegante, con dedicatoria y parabienes a troche y moche.
Como esta, más corridas -digo, comidas- quería yo: Entretenida, ilustrativa, serena y placentera, donde se mezclan la palabra, las viandas, la compañía y el vino, para crear un espacio lleno de ideas, de acontecimientos, de historias, de vidas y experiencias que enriquecen al tertuliano numerario -preguntador de oficio-, y al ponente enseñador, diestro aunque como en este caso sea zurdo. Amén.
10 de abril de 2026.
"Crónica de una comida", por nemo.
Fotografía: Markus Lieben.
Tiesto: "Crónica de una comida" de nemo.
Localización: Ispal.
Fondos del Mar de los Algotros. Fundición Grisgrís. Sala Turu. La Ballena. Valle del Xerte. Mangurria.
Factótum:
Rnesttatta Hammatta-Hammatta.
*Permiso obtenido para usar el logotipo
de la Tertulia de San Gaudioso y San Filastro.
