domingo, 8 de octubre de 2017

Antología aleatoria de lugares.



Teatro romano de Acinipo.
Ronda (Málaga).




Costurero de la Reina.
(Sevilla).




Castillo de Almodóvar.
(Córdoba).




Detalle de los frescos de la Ermita de Nuestra
Señora del Ara (Fuente del Arco, Badajoz), donde se observa a una persona
jugar una partida de cartas con un mono.




Moto con todos los extras.




Una sombra se fuma un
cigarrillo a orillas del Guadalquivir.
(Sevilla).




Vecino huraño.
(Zahara de La Sierra, Cádiz).




Bulevar de Perros.
(En algún lugar de la Sierra Norte).



Hayedo en Navarra.



Claro de sol.



Fuente.



Fuente de las ranas.
Tarifa (Cádiz).



Minarete almohade del S. XII convertido en campanario cristiano en el S. XVI.
(Sevilla)



Markus sonríe a un charco.


Fotografías: El ínclito Markus Lieben.










lunes, 25 de septiembre de 2017

Dímelo a la cara.

                     
                      Dímelo.

                     ¿Bollo de pan negro?

¿Lucernario o tragaluz del Castillo de las Aguzaderas? (El Coronil, Sevilla).


Fotografía: Markus Lieben.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Crucigrama de pseudónimos del infraescrito.


Sopa seca de Grafemas.

Las bases del juego son las de siempre: debes buscar alias en el cuadro como si te interesara el juego.
Las palabras se cruzan como aspas en un edificio condenado al derribo, también puedes encontrarlas del revés mostrando las costuras de un pasado exóticamente ajeno, o apuntar tanto al Cielo de las Ideas unas, como al horizonte árido de la página en blanco otras. Hay sobrenombres que ascienden escaleras con resuello entrecortado, o que descienden al Purgatorio de las Letras Sin Palabras. Sí. Puede que algún mote haya, esquinado, como un rencor antiguo.
Y toda la sopa seca de grafemas bulle al fuego del anonimato impostado, salpimentado con una pizca de ocurrencia e impudicia.


Advertencia de posología: si estás embarazado, pues te han hecho una faena, niño, porque sólo puedes hacer el crucigrama en ayunas; si al contrario estás Enfermo de Realidad, bueno, creo que no vas entender un carajo; pero, si eres jubilado o un raro, mejor así, que igual le encuentras alguna gracia al asunto, aunque lo dudo.

Contraindicaciones: Evita hacer el crucigrama mientras duermes o conduces. Está pendiente el estudio médico del caso bizarro de un desgraciado estrábico, gabacho de Mónaco para más inri, que resultó no ser ni francés ni de Monaco, era Príncipe de los Travelos con pasado anfibio, bueno, que me lío, este tipo, digo, encontró el único cuadro blanco del pasatiempo mientras le hacía el amor a su señora ¿o era a una profesional?(esto no está claro). Se contempla por los expertos etólogos la posibilidad de que fuera una señora profesional, en fin.

Sobredosis: En caso de ingesta excesiva de apelativos se recomienda beber mucha agua y aprender a maldecir bien, a fin de acordarse del autor y su ralea con suficiente desprecio e ira.

Ruego final: no acudas a los Servicios de Urgencias de los hospitales más próximos a dar la brasa ante cualquier erupción de insultos, hazlo en tu propio domicilio, o bien, acude a tu Estadio de Cabecera el próximo partido de Cristiano Ronaldo, y desahóguate.

Nemolías—17.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Galería de instantes.




El Rocío (Huelva).



Embarcadero en Canela.
(Huelva).



FLSm por Nemo.



Edificio Filella.
(Sevilla).



Destello.



Sendero alegórico/2.
Convergente o divergente.



En busca de donde nace.



Desde las entrañas
de la tierra.
(La Catedral. Garganta Verde).



Sólo medio puente.
(Pendiente queda el otro medio).



Atardecer melancólico.



Ocaso en el faro.



Garganta pétrea.



Túnel.



Ojos de mar.
(Algarve. Portugal).



Árbol crucificado por el fuego.



Puente Tercer Milenio.
(Zaragoza).




¿Eh?



Otra A.



El Gallo Cautivo de Arrés.
(Huesca).


Fotografías: Markus Lieben.


























viernes, 1 de septiembre de 2017

Fulano de tal.




Un cualquiera: Esbozo de un fulano de tal.


Fulano de tal se gasta una cara bovina con muermo de adolescente crónico, a pesar de superar ya la veintena. Tiene brotes de ira orbi et orbe, gorra cogotera del Pájaro Loco, mirada de “-me la pela, tío-“; cascos abrochados a dos bares de presión en sus orejas de soplillo que vierten reggateon a chorros:…Des-pa-ci-to…Así anda, despacito, con el paso corto, la cadencia de las trabajaderas y un bamboleo vacilón de barrio húmedo.

Su camiseta con vocación talar deletrea una leyenda en inglés, por supuesto, algo así como “young ever, fool”, y más, calzonas caídas demasiado rotas para no ser nuevas, impolutas zapas de marca, desanudadas; hierro hociquero modelo Gemelo de Bodorrio y zarcillo de 14 quilates con una circonita que brilla como el colmillo de un famoso después de unos enjuagues con peróxido de nitrógeno. Del cuello le cuelga una cadena de cisterna chapada en oro robado, y como péndulo de la misma le pende el típico escudo del Betis en oro del que cagó el moro que marca su tiempo entre descensos a segunda y racias por Nervión, donde acostumbran él y sus colegas a correr palanganas de bonito, tal y como otros lo hacen con vaquillas tan bien afeitadas como éstos por Mercaderes y Estafeta.

Es un todo en uno, un cani de ración, de las afueras, de los alrededores de un colector hediondo del Polígono Industrial 5º Pino, donde como jaramagos en un erial se erigen los Bloques Sociales Los Colorines. Concretamente, él es del Colorao Portal 5, Piso 5º P, Tercera Manípula, Última Cohorte. Allí, al sur, donde el Cardo de la ciudad trompica con escombreras de chapuzas ilegales y los bidones con candela orientan como faros hipnóticos al ejército vencido de yonquis peripatéticos que aprenden a morir todos los días, gramo a gramo.

Será carne de talego según la tradición familiar (han llegado a veranear en La Ranilla hasta cinco familiares suyos a la vez, su padre, la madre que le parió, sus tíos El Tato y El Palomo, y el difunto primo Segundo). Coincidió a la vera del Tamarguillo el Clan durante la celebración de la Expo del 92, cabalmente, por gentileza del Grupo 7 ¡Gagüen tó! En cuanto a él, ya se verá, pero pinta mal el retrato.

Los colegas le dicen “El Gusano”, quizá por el tatuaje de una culebra bastarda que le asoma por la patera, sobre el gemelo izquierdo la cola, la calcomanía le serpentea todo el cuerpo, hasta abrir su boca con lengua bífida en el hombro derecho. Pero puede que no sea por eso, quizá sea simplemente por la similitud fonética con su nombre. Siempre he pensado que los nombres de cada uno tienen porqués, o no, qué sé yo. Unos los llevan sin ton ni son, como un sambenito. Oigo opiniones de todo tipo, otros, pues tienden a honrar el nominativo y tienen cara de fulano si tienen la boca de esportón y ojos saltones de batracio, como es el caso. Es más, hasta el apellido lo calza fulanito con propiedad: Mambrino, al ser él de tez aceituna de almazara y tan invisible para el mundo como el que se calaba el famoso yelmo del rey moro. A lo que íbamos, bueno, que es feo, y de arrabal como atenuante.
Urbano Mambrino, un fulano de tal.



Nemochtitlán-17. 

jueves, 3 de agosto de 2017

Manuel El Crúo VII. Peregrina historia de un Dondiego de Cuartel.


Un Dondiego de Cuartel. 


Sus sueños están hechos de la materia con los que siempre adornó su nariz infantil, a base de dos velas áuricas de mocos perennes, largadas a barlovento del regaño de sus tías, como también de las rebabas de ferralla que herían sus pies mal calzados en la fragua de su padre, y por supuesto del aliento seco de desierto, aspirado durante su mili africana de reenganchado por no decir que no. Él cree que allí, a las puertas del Sahara se le secó la sesera. Desde entonces, apenas suda cuando otros se cagan, y se caga, sólo, con el café de puchero.

Tal día como hoy, 26 de Julio de hace un año, en plena Velá de Santa Ana, bien temprano, cruzó el río con los primeros rayos de sol coloreando la Torre del Castillo de San Jorge, y por la orilla de Sevilla caminó pegado al río hasta encontrar a su amigo Génesis en su apostadero preferido, le descubrió sin sorpresa: hecho un cuatro, sentado en su silla de playa añosa, gorra de Piensos Purina, mirada licuada de espera infinita, la caña de pescar apunta al misterio del curso de agua, delicadamente, la boya nada, se mece y con ella la cucharilla que pende se insinúa en las aguas sólidas a los cenagosos albures. Gen, no entiende de fiestas, si es miércoles, va a pescar y ya está. El Crúo le dispensa un económico saludo, que es correspondido sin girar la cabeza y con igual carestía de palabras –¡Eh!--.

A Génesis su mujer le dice El Pocapesca ¿por qué será?, pero eso le importa poco. Y al Crúo, en el corrillo de pescadores del que forma parte Gen, le dicen El Pescador de Oídas, porque es verdad que pasa mucho tiempo al lado del Penélope del Sedal sin lanzar nunca una caña. Comparten ambos, juntos, su gusto por el silencio, del que suelen salir por el túnel de tiempo con batallas de hace mucho tiempo. Su lugar predilecto: la mili de ambos. Se cuentan mutuamente batallitas, a Gen le pirra recontar las aventuras de José María El Malaguita. Se ríe para sus adentros sólo recordar sus gestos amanerados y plumíferos. Hoy toca el relato desnudo de algunas noches tórridas, cuenta sin dejar de mirar la punta de caña que descansa anclada –El jodío José María era como un Dondiego—continúa enigmático—verás, al final te lo digo.

--Dice resuelto--Total, que eran días esforzados de maniobras, patrullas, instrucción, imaginarias, órdenes absurdas, uniformes sudados, rancho y algo de grifa –prosigue--. Ocupábamos el Barracón número Cinco una caterva de reclutillas de provincias, un tercio del total eran 10 Julitos (así llamábamos a la leva de membrillos incorporada en pleno mes de Julio). José María al cruzarse con alguno de ellos en la Cantina o donde fuera, sabiendo que era un Julito, les solía preguntar muy serio --¿En qué Barracón estás, corazón?—El interpelado solía responder sin miedo –En el Cinco—y contestaba como un disparo El Malaguita --¡Por el culo te la hinco!-- Después solía haber un respingo del Julito y una carrerita con risa burlona del chistoso.

José María era muy juguetón, quizá porque aquello era como una isla llena de hombres y eso a él le ponía tela. Recuerdo que las duchas eran comunes, era una sala alicatada de azulejos blancos llena de alcachofas a dos metros del suelo, y vaho, tanto, que hacía llorar las paredes, a los espejos le caían unos churretes de agua que les sacaba el azogue en poco tiempo. Allí, todos desnudos, cantábamos, hablábamos o nos enjabonábamos, mientras el agua nos sacaba la roña. Se hizo habitual que José María al acabar su ducha se anudará la toalla a la cintura y parado en el quicio de la puerta y apoyada una mano en el marco (en plan Diva) nos mirara la popa a todos, al tiempo que decía picarón y con tonillo –¡Mantengan señores su culos limpios, son todos tan rebonitos!”—Al principio, se formaba un alboroto de reproches e insultos, luego ya no. Era una de sus gracias.

Cuando a algún soldado le daban unos días de permiso para ir a ver a la novia o a la familia, los demás sabíamos si se lo había trajinado José María, si le escuchábamos decir a éste, un punto despechado, con un mohín en la boca y un giro de cabeza, aquello de --¡Yo no me como babas de ningún chocho, que lo sepas, cañalla!—Todos sonreíamos y el agraciado agachaba la cabeza, cogía el petate verde oliva y salía en silencio del Barracón número Cinco. ¡No se callaba ni debajo del agua el jodío!

A lo que voy –continuó Gen—muchas noches, apagada ya la luz, tumbados todos en las literas, a José María se le ocurría deleitarnos con unos de sus espectáculos, primero había que convencer al Imaginaria del Barracón, que se la jugaba, luego empezaba el espectáculo: José María se dirigía a los aseos, única zona iluminada del barracón y que vertía penumbra al dormitorio corrido, portaba su maletín de la Señorita Pepi y algún atavío estrafalario. Mientras él se preparaba, Jacinto, un vivalavirgen madrilleño, pelón de calabozo, y según dicen, que había trabajado de pinchadiscos en la Sala Rock-Ola, hacía la presentación del show:

¡Señoras y señores! venida desde el Jardín Prohibido del Pecado de La Roca, y haciendo escala en su Gira Mundial en esta Santa Casa, tengo el honor, el placer, el privilegio de presentarles a la más bella flor de ese jardín, al Dondiego de flores blancas y rojas que abre sus pétalos cada noche en un escenario distinto ¡a María José La Pelona, estrella del Music Hall Gribraltereño!. ¡Hoy, aquí, está para ustedes con sus mejores galas, la mejorrrr…..la más grandeee….la mejor dotadaaa….¡MARÍA JOSÉ LA PELONA! Con todos ustedes la Diosa del Hilo Filipino y la Milonga, la del Tango y la leche batida, la del Pasodoble y los huevos a la flamenca, la de la Copla en copa de balón….!¡Con ustedes….LA PELONA!
     
Después de semejante entradilla o parecida, se producía griterío y vítores de entusiasmo. Aquellos que disponíamos de linterna enfocábamos con ella desde nuestras camas a las puerta batientes de ojo de buey del aseo, donde aparecía como una Diosa, María José La Pelona, pintados los labios, los ojos y con la única vestimenta de una sábana bajo la que nada llevaba. Jacinto le daba al Play del radiocasete Sanyo y la música invadía el dormitorio. Se hacía el silencio entre nosotros, y ella caminaba como un pavo real, como una ninfa de Píndaro, danzando contoneos de cine. Después, ahogado el silencio con los primeros acordes, y con una baqueta de uno de la Banda a modo de micrófono nos divertía y entretenía cantando. Solía comenzar con Cabaret, luego igual te erizaba el vello con la de Lili Marleen en español, el punto y aparte era el final de la canción: ………………………………………………………………………..
                 Desde el espacio silencioso
                 desde las entrañas de la tierra
                 me levantan como en un sueño
                 tus labios llenos de amor.
                 Cuando las nieblas
                 nocturnas se arremolinen
                 yo estaré junto a la farola
                 como antes, Lili Marleen
                 como antes, Lili Marleen.


Acostumbraba a cantar un puñado de canciones más, alguna de ABBA, el “Gavilán o Paloma” de Abraira no fallaba, tampoco “Eva María se fue” de Fórmula V y por supuesto “Para que no me olvides” de Lorenzo Santamaría –Se ensueña Gen entornando los ojos y larga carrete—te acuerdas de “El amor de mi vida” de Camilo Sesto, pues también, y al final de “Un ramito de violetas” de Cecilia solía corrérsele el rímel, con ésa o con “Échame a mí la culpa” de Albert Hammond ¡era más teatrera la jodía!-- le dice al Crúo mirándole por primera vez ya algo blandito—bueno, y de Village People, qué sé yo. Lo cierto es que lo pasábamos en grande, y por un rato se nos olvidaba quiénes éramos, y qué hacíamos nosotros allí, en el culo del mundo. Otras veces bailaba en silencio, en tinieblas, sin banda sonora, movía el aire de alcoba cuartelera con el vestido, vamos, con la sábana o el pañuelo, digo. Puedo asegurarte Crúo que yo, nunca, nunca la vi el…ya sabes…el mandao ¡Cuando actuaba no tenía, no sé qué hacía con él!

Tras un silencio suspensivo continúa Gen con la mirada ya pérdida en los recuerdos--Lo pasábamos de miedo, sólo que a veces nos descubrían y arrestaban a todo el barracón, y a ella, la pelaron al cero y la confinaron un par de veces en los calabozos más tiempo que a nosotros. Por eso luego todo el mundo conocía a José María, aunque sólo de noche, como María José La Pelona, el Dondiego del Barracón Cinco. Y gracias que la Ley de Vagos y Maleantes o la de Peligrosidad Social habían muerto en la Transición que si no, le abren un Sumario Militar. Se libró por edad de lobotomías, frenopáticos, baños de agua helada y descargas a 125 vatios en los cataplines. Mimetizó María José, su irreverencia, su caspa, su inocencia, su trasgresión en el ambiente de progresía y desenfreno social que vivimos aquellos años inciertos--.

Crúo, eso es todo por hoy que es fiesta, aclararte y ya está, que un Dondiego es una planta que abre sus flores blancas y rojas sólo por las noches, al amanecer se cierran, así lo decía el vivalavirgen de Jacinto en alguna de sus presentaciones. ¡Ea, creo que ha picado un jodío albur, vamos hazme sitio carajo!

      
Nemosam-17.


miércoles, 2 de agosto de 2017

MINÓRICA MMXVII.


                       
                            Cala Macarella.



                                Ciudatdella.



                                 A poniente.



                              Macarelleta.



                             Desde la cueva.



                           Sin comentario.



                              Los elegidos.



                               Vacío.



                           Vista de un pino.



                              Quitamiedos.


                     Autoretrato de retrete.



                              Atardecer.



                              Cala Tirant.



                            Cala Galdana.



                                Rayones.



                                Monolito.



                          El factor equis.



                              Cala Brut.



                                 Escalera.



                                     Más.



                               Soportales.



                            Cala Blanca.



                           Cala Xoriguer.

              Fotografías: Markus Lieben.