domingo, 4 de octubre de 2020

Las Nogaleas. Contiene El Venidor, el poenema Vivir y El Glosario Ballenato -sólo un extracto-.



                       El árbol del sendero.





                     Un *cañoterao de agua.





         Markus Lieben and the Grasshopper
                     in the Nogaleas Creek.





                   Horcajo en la Valenciana.





               "Torcer el sendero
                 llegar allí
                 seguir la ruta de Homero
                 y descubrir
                 que hacer el camino tiene sentido
                 si ese es mi derrotero
                 -vengas o no conmigo-".

                               Vivir de Nemo.





                               El Venidor.
               -No confundir con Benidorm-

Te lo voy a contar si tú quieres escuchar:
en aquella época yo era un niño y tenía un nido de pájaros en la cabeza, además, un halo de trinos alegres velaban mis sueños. Lo recuerdo. El tiempo era elástico como un chicle bazoka, y no hacía planes porque el día a día me colmaba de caramelos y de juegos.

Entonces, hace mucho tiempo, en los años setenta concretamente, y no siempre, porque yo era de bañarme en la Mora, a veces digo, iba con los amigos a bañarme allí, al Venidor, no era precisamente el lugar de idéntico sonido fonético que todos conocéis, Benidorm, el paraíso anhelado por todo el pais para pasar el verano; tan lleno de suecas, repleto de coches  -Simca 1.200, Seat 124 y tiburones franceses-, la colmena de luminosos edificios con los ojos siempre abiertos a un mar rizado, con vaivén de olas que simulaban los bancales que yo veía en el monumental anfiteatro de El Venidor de mi niñez, no.
Con la incredulidad que produce la ficción, miraba en la daltónica Westinhouse de mi casa el espejismo playero del levante ibérico, y aunque su nombre sonaba igual que el tramo de agua donde yo nadaba a menudo, no, no era mi charco fluvial del río Jerte, éste está cercado por horizontes de gavias que se acumulan irregularmente unas sobre otras hasta cerrarse en las peladas cimas de las colosales montañas que eran, y son, un decorado natural y gigantesco, cuyos pliegues y perfil ya teniamos memorizados todos.

Si lo piensas -ya sabéis que tiendo al devaneo-los charcos de baño de los ríos son todos genuinos, únicos, no hay dos iguales en el mundo, y esto les hace especiales, todos tienen nombre propio: el Pilar, el Tomate, la Mora, la Valenciana, el Cajón, el Venidor, la Clavela, etcétera, cada uno tiene su propia geografía, y su público depende de ésta.

En aquella plácida represa de las aguas del río, había -lo recuerdo vivamente- un oasis de sombra, una pequeña edificación de una planta con una amplia terraza bajo el palio de unas parras, bugambillas y yedras, y en todo el continente del velador, se ve un desordenado ejército rebelde de mesas y sillas de madera con patas de tijera, además anuncian con su presencia una nueva época, otras metálicas con la estampa de marca y los colores de Coca Cola o de Pepsi Cola; sobre la madera o la chapa, ceniceros Cinzano en cada mesa -en esto no hay concesiones-. No pasa inadvertido que en un rincón fresco, en torno a una mesa de madera, y junto al *portllo lindero de la finca Santa Lucía, hay sobre una, un par de Mirindas con pajita y un cuenco de barro colmado con cacahuetes, aperitivo de momento intacto, en torno a las pajitas y los manises, una pareja arruga el pingo de los domingos con sus contorsiones; aunque sentados, mueven brazos y piernas hasta hacerse un nudo. Se manosean y ríen los novios, y se susurran al oído palabras con el almíbar del futuro; ambos, *dominguean de sus afanes terminada ya la *cerecera. Pelan la pava y hacen planes de boda -el banquete en el Restaurante de Majete, en eso están de acuerdo, en lo de irse a vivir a casa de la cacatúa de la madre de ella, no-.
En el lado opuesto del corral de mesas, un *agüelo ciruelo con cuerpo de jota, mira que te mira hacia el río, está discretamente apostado tras una bugambilla, y por supuesto, maqueado hasta con sombrero. No le quita el ojo el tío rajamantas a las bañistas del otro lado del cordel de la Mesta que separa el chiringuito del río. En la orilla, sobre barbas ralas de hierba, unas chicas casaderas con bañadores de colores se secan al sol, y junto a ellas, unas mozas viejas charlan sentadas sobre sus toallas y juguetean con sus pies en el agua. Las tres Marías se relamen mientras conversan, porque esta noche hay baile en la discoteca de verano del tío Balbino, toca la Orquesta Fínfanos & Violeros y el repertorio les favorece bastante porque habrá mucho pasodoble y *agarraos, otra cosa es el lote de mozos que les toque en suerte a la terna; una de ellas, Leo se llama, mira al cielo, y con tono de súplica dice -¡sólo pido que estén limpios, por Dios!-, le contesta a la prez otra María que se llama Laly -hoy es domingo, hoy toca, jolines-, y la tercera, Tina, remata:
-¡Eso, eso, que no huelan ni a tabaco ni a sobaco, y ya puestos a pedir, que Juan el Cojo no se ponga pesado, que es un agonías, coña!-.

               "Bienaventurados los limpios
                                porque
     siempre tentarán algo más que los tobillos."

                 Bienaventuranzas Ológrafas 
                     de Nemo della Ballena.

Al viejo, cuando se le humedecen las niñas de sus ojos de tanto forzar la vista, se le caen dos lagrimones de cocodrilo que se seca con el moquero que saca, a pesar del calor, de su chaqueta de pana, luego, sediento, le da un tiento al chato de gloria fría, y como rúbrica, chasquea la lengua.
Los alisos y los chopos de la ribera escoltan a las aguas en su eterno viaje río abajo, les dicen adiós moviendo las hojas empujadas por la brisa. Veo a los ribereños árboles doblarse de reconocimiento, y su aleteo de hojas trémulas movidas por el viento, son banderitas en la despedida del rey de aquella tierra.

Es una de esas tardes de bolsas de pipas Churruca, en las que si no vas a la sesión de tarde del cine de verano del tío Balbino o a la película del oeste del cine de arriba -¡otra de la Paramount!- Reza la tiza de la pizarra junto a la cartelera, escrita de puño y letra por Canete y cuyo cancerbero es el Moro, el perro tuerto de Don Perales que siempre dormita bajo el tablón con fotogramas de la película del día y junto a la silla vacía de su dueño que ese momento descabeza un sueño en la alcoba.
Pues eso, quiero decir que ir al Venidor es una buena opción si no vas al cine.
-este último resumen ha sido patrocinado por Viajes La Eusebia-.

Al chiringuito siempre le envuelve un vaho de música que contamina toda la zona. Las melodías veraniegas pueden escucharse hasta la panadería de los Alfredos; unas veces suena el disco de un rapsoda popero que se lamenta de que "Eva María se fue", otras veces por el contrario, el cantante, muy contento, se desgañita entonando un himno animista, algo así como, "Un rayo de sol, oh, oh..." Hay días que, mientras te desnudas para meterte en la plácida represa del río, te toca escuchar el susurro de un tipo gangoso que lloriquea por una tal Gwendoline, y los días mejores, la gramola de vinilos que come monedas de duro, inunda el Venidor con el vozarrón de un tenor de la tierra que grita sin ahogo "Libre, como el sol cuando amanece, yo soy libre...". Tiene gracia que cante esto, cuando a nosotros, todos los santos días nos hacen formar en el patio de la escuela y cantar lo de "Cara-col con la patita rota...", y por lo que yo escucho a los mayores, la libertad es un lujo que no tenemos desde no sé qué guerra, vamos, desde los tiempos de Maricastaña -¡Y a callar, niño, que el sordo no oye y al pobre, lo joden! .

Son tiempos de guardar dos horas de digestión para bañarte; de pandillas de amigos que van a "garulla", de calzonas cortas y postillas en las rodillas; de calzarse como mucho unas zapatillas "La tórtola", de carreras "mari...nero el último", de baños interminables en el río, de meriendas de chocolate, de partidas de cartas, del sol luminoso que acostumbra a alumbrar la niñez más feliz.
El paseo por la carretera, hoy domingo, es casi tan preceptivo como la misa de once, y luego tomarse un *calapachao en el Casablanca tan inevitable como acompañarlo de una de calamares, y no menos que escuchar en el lapso de un rato una ristra de *¡Búa! en el lenguaje vernáculo, y que según el tono y el contexto de esta exclamación puede significar cualquier cosa: artazgo, fastidio, alegría, displicencia, advertencia, incredulidad, etcétera.

Veranos eternos, de jugar a "Gente a la vista" en las noche como esta, ilumnida por luciérnagas y con la banda sonora a cargo del Coro de Ranas y Sapos del *Rollar, y los padres y abuelos, a lo suyo, acaban la semana de fatigosas labores dándole hebra a los vecinos, en conversaciones pausadas, puestos en corro o longitudinalmente - que esto aún no está reglamentado por el Generalito-. Se alivian del calor diurno y se orean en la penumbra, beneficiados por el frescor nocturno. Sentados a las puertas de sus casas que están abiertas de par en par, se dan un respiro y arreglan con cada opinión un mundo que no entienden.

Bandadas de niñas como golondrinas vuelan con las alas de sus falditas de tablas, y los lazos de sus coletas juguetean con sus cabellos como mariposas de verano alrededor de las flores; juntas recorren las calles en sandalias, con guirigay de trabalenguas, chocan entre sí las palmas de sus manos, juegan y cantan una retahíla de Mumbrú se fue a la guerra. Vagan por un pueblo desierto por el que cruzan sombras que ya se recogen a sus humildes hogares, huele a sopas canas y a huevos fritos para cenar. Las callejuelas están mal iluminadas por la noche y crean rincones negros de oscuridad y misterio. Se escucha, en medio de la quietud de la noche serena y sin bulla, un abocinado y rítmico ruido de cascos de caballería, al poco, aparece el animal entre las sombras nocturnas, en la bocacalle de Felipe Marcos con la carretera, conducida del ramal por una ánima que fuma Celtas Cortos sin boquilla,  lleva boina y le rodea un sahumerio acre. Silverio el sopascaldúas conduce a la bestia para que  beba en el pilón, el mismo abrevadero y lavadero donde se *jundea al forastero si no *paga el piso. Aún hay calles de tierra con pontones en el callejero. Regaderas que eternamente llevan agua cristalina por las calles. Empedrados de rollos de río, con mellas en las muelas por la nueva acometida del alcantarillado. Casas baratas siamesas, estrechas y chatas. Perros y gatos errantes. Soportales apoyados en columnas de madera o piedra, en un perfecto desorden, y casas de adobe en la calle Larga que abrigan bodegas, donde en la oscuridad, el vino envejece, las mazorcas y los higos se secan, el jamón espera paciente los convites de Navidad, y un polvo ceniciento cubre el pasado de nuestros antepasados y sus *achiperres inútiles, que alegóricos, están apilados unos sobre otros como las generaciones que una tras otra, se suceden en este escenario *vallenato.

Puedo seguir, también dejarlo aquí.


El Venidor de Nemo.


**********
Glosario *Ballenato:

*Achiperres: objetos y trastos sin valor.
*Agarraos: temas musicales que por su               melodía y ritmo lento mueven al personal a       emparejarse y bailar entrelazados. Este         tipo de baile es muy adecuado para utilizar la   técnica del botellín, si no sabes en qué               consiste, pues.... es que no eres de allí, ni           gallego, ni nada ¡Qué penita! Siempre puedes     preguntarme, o mejor, pregúntale a                     Breogantino de Oestia que es *Botellinero           Tercer Dan.
*Agüelo ciruelo: persona mayor, abuelo viudo      que aún tiene pulsiones sexuales y que gusta    de mirar a las mozas de buen ver -un voyeur      con boina fanático de Manolo Escobar-.
*Ballenato: gentilicio de los de Navaconcejo,        ¿el porqué? pregunta a algún nativo, anda.
*Botellinero: no existe este vocablo, pero me        venía tan bien que *velaílo.
Búa!: Interjección de uso exclusivo y común      en Navaconcejo, y que puede significar casi      cualquier cosa, para interpretar su                      significado hay que tener en cuenta el                contexto y al individuo ¿Vale o no?
*Calambuco: bruto, zoquete.
*Calapachao: ronda de consumibles que se          toma en los bares y que normalmente                pagará una sola persona, salvo si estás con      algún emigrado a Ametlla de mar y retornado    por vacaciones.
*Cañoterao: avenida excepcional de agua.
*Cerecera: cosecha anual de cerezas.
*Dominguear: verbo de exclusiva conjugación      ballenata, reconocido por la RAE tras                  remitir a sus académicos miembros, desde la    Cooperativa del Campo de Navaconcejo,            seis cajas, seis, de cerezas extras, y que al        conjugarlo genera y refleja la acción o efecto    de holgar en festivo o domingo, dado que en      el medio rural y en aquella época, este día          estaba muy diferenciado del resto, y era por      lo tanto, el día para el asueto por                          antonomasia.
*Gavia: bancal o terraza que se hace a base        de piedras para contener la labor de tierra.
*Gloria: bebida alcohólica a base de                      aguardiente de uva y aromas de café y                canela que se elabora artesanalmente en          todo el Valle.
*Garulla: zacatúa o travesura común de los          muchachos del valle, consistente en ir a            robar fruta a las fincas más *presenteras.
*Hablar: más allá de las acepciones conocidas
  por todos, allí, en el Valle, hablar tiene el              complejo significado de cortejar o salir, y          algunas veces entrar si te dejan. Al buen            entendedor no le hace falta que yo abra la            boca. No hay más que hablar.
*Jundear: verbo que para conjugarlo bien             -lo siento- debes nacer allí, y que alude en         este caso, a la acción de sumergir en el agua     del pilón, a algún membrillo o calambuco           que se lo merezca.
*Pagar el piso: dícese de la tasa popular que        los quintos de los pueblos del valle cobraban,    sí o sí, al desgraciado que *hablaba con una      moza en un pueblo que no era el suyo.
*Presentera: dícese de la persona o cosa más      adecuada para un fin -el ad hoc clásico-.
*Portillo: pared rústica a base de piedras que      suele ser el lindero entre fincas.
*Rollar: meandro del río donde éste acumula        ingentes cantidades de rollos o cantos              rodados, vamos, una concentración de                Rollings Stones ¡Oh, yeah!
*Vallenato: gentilicio de los naturales de                Navaconcejo.
*Velaílo: ahí está, míralo.

          Nemo.





              La faz de la desnudez invernal.






               Solo, en medio de la corriente.

El río es la aorta del valle a los pies de las fracturas ciclópeas de Gredos.
Montañas escarpadas con bosques de robles y hayas donde los Celtas edificaron castros. Bosque cerrado atravesado por un calzada romana camino de una Castilla aún nonata. 
Y fue el Xerte, El Yanna, el jardín que llenó de gozo terreno, como su nombre indica, a los maravillados musulmanes por la abundancia de vegetación y agua.
Unos siglos después, esta corriente de agua de montaña fue el porqué de generaciones de colonos traídos de norteñas tierras galaicas y leonesas tras la Reconquista cristiana, y a la vez, rincón donde se hablaba paladino en las numerosas juderías, mientras, las norias de agua movían las muelas y las acequias corrían repletas de agua fría del deshielo para regar los prados verdes, el tabaco, el maíz, las viñas, los castaños, los frutales. Aserradero de madera para la Armada Invencible. Itinerario real de un Emperador enfermo, camino de su pudridero. La todopoderosa Mesta tenía su paso trahumante para sus preciadas merinas atravesando el Valle del Jerte, bien en la bajada invernal para ir a los pastos sureños, bien de subida, cuando agostados los pastos en el sur las reses buscaban los pastos frescos de Castilla. Hogar recóndito de los maquis tras la enésima guerra civil. En fin, rincón y despeñadero de Castilla, y pubis vegetal de la olvidada Extremadura.





              Cascada que brama tu nombre.






                 Desde La Mora, añochece.






                  Gatea el camino por la sierra.






                  Abrevadero de los Sátiros.






                   Bucólico mirador del búho.






                         Salto de la doncella.





                                   Alegría.





                Caos de piedras en el cauce.





   La neblina aísla el lugar y el tiempo dormita.
                           





                              Ara del agua.
-Ara de ofrecimientos a Artemisa y su corte de                                    Ninfas-.




                             Testigo mudo.
                    -Oteadero de los Sátiros-.





                          Poza del Unicornio.


Fotografías: Markus Lieben.
Tiestos: Nemo.
Poenema "Vivir" de Nemo.
Texto: El Venidor y su estrabótico Glosario                      Ballenato, de Nemo.
Localización: Garganta de Las Nogaledas. Río                          Jerte. Navaconcejo. Cáceres.



domingo, 20 de septiembre de 2020

domingo, 13 de septiembre de 2020

sábado, 5 de septiembre de 2020

A son de mar.


                        Crepúsculo púrpura.





                                 Bocana.





                          A puertogayolas.





                                     Mar
         inmensidad añil que colma el alma
 abismo salobre de criaturas que respiran agua,                                  arcana mar
          de batallas navales heroicas, perdidas
                             de náufragos
 que cuando hay galerna escuchan la campana         los ocho repiques del cambio de guardia
                      de marineros ahogados
                               que faenan
          en la memoria de viudas con toquilla.

                             Berberiscos
              que raptan cristianas cautivas.
               Colonos anclados a un arado
            solificada con salmuera la gavia
             en los madriles de las salinas.

                   Pintores de luz cegadora
      escucha Sorolla el ronqueo en la lonja
                                 y pinta,
              arenas aventadas de Aguilera
                    que difuminan el lienzo,
                      caleidoscopio infinito
                   en las huellas de Vázquez
              que marcan el paso del tiempo.

                   Ítaca de contrabandistas.
      Linde difusa de la Atlántida sumergida
                       que dibuja una ola
                  al cabecear en la marisma.
       Bajo tierra y cubierto de agua palpita
           el tesoro de plata de Argantonio                            espera escondido en un laberinto
                             de esteros
custodiado por un ejército de avaros cangrejos.
                                    
                                Y tú, viajero
                        nauta de este tiempo
                     navegas con viento vago
                          amarrado al aparejo
                 ¿no oyes el canto de sirenas
                         de los que ya fueron?

                                     Nemo.






                      Escollera y el menda.





                                  El hijo.





                Quietud y espera en Canela.




       Rotonda marinera que sale a faenar al                                        atardecer.





Mandíbula gastada de un estero en las Salinas                                 del Duque.





                Incisivos caninos de pleamar.





     Mensaje pacifista del tejado de la cabaña
               para el avistamientos de aves.





                                   Busca.





              Código de barras de una playa.






                        Caseta a poniente.





                      Refugio en el estero.





                                 Encuentra.





    Ría adormecida y menguante por la marea.
                   Postal que ya nadie manda.
                 Ensenada de narcotraficantes.
                             Criadero, batea.
                      Refugio de Barbarroja.
                           Puerto marinero
            donde habitan en pecios hundidos
         pescadores que remiendan sus mallas
                         con el hilo dorado
                              de sus hijos.

                              Luz dolorida
                     se quiebra en un ocaso
                      y un trajín de alimañas
                 que habitan en las tinieblas
                   se afanan en seguir vivas
entre los destellos de los pueblos marineros
              y la silente esfera del universo.

                                  Nemo.



Fotografías: Markus Lieben.
Tiestos: Nemo.
Poenemas: Mar y Ocaso de Nemo.
Localización: Isla Canela. Ayamonte.


sábado, 22 de agosto de 2020

Buchetta del vino.



En el siglo XVI, los Medicis, que eran unos
aguilillas en los negocios, y para ganarse a las más importantes familias nobles de su zona de influencia, El Gran Ducado de la Toscana, les concedieron a estos segundos el privilegio de vender vino de producción propia sin pagar impuestos -inventaron inopinadamente, las vacaciones fiscales, a las que ahora tan aficionados son los parásitos fiscales, digo, los paraísos fiscales, y también, alguna norteña Comunidad Autónoma española-.
¿Me entiendes? que diría La Princesa Poligonera.

Volvamos un momento a donde estábamos, a cinco siglos atrás. Ya está. Olvidada la digresión. Dejamos a los criados en el trasiego de vino. Vale. Pero, este comercio -según la ordenanza recién creada- había de hacerse através de una pequeña ventana, de unos 30/20 centímetros que se abriría en los infranqueables muros de sus palacios renacentistas, a la altura del codo humano, la buchetta del vino, la llamaron. Tanto la altura como las dimensiones de ésta son relevantes, para que no hubiera equívocos en la distópica y dubitativa percepción de los ebrios, y así pudieran diferenciarlas, sin lugar a dudas, de las nobles y blasonadas entradas de los Palacios.

"Antes verás pasar un pobre por una buchetta del vino que por la puerta del Palazzo Vecchio", me han dicho que se oía decir entonces por la infecta Piazza della Signoria.

Éxito de público y ventas: los nobles ganaban dinero en tiempos difíciles, florecían los florines sin pagar impuestos -un clásico- y el pueblo, los plebeyos, compraban vino sin el recargo oneroso de intermediarios y taberneros.

Además, pasado aproximadamente un siglo de esta genial idea de Cosme I, inmersa Italia entre 1.630 y 1.633 en una pandemia de peste bubónica que diezmó Europa y en la que se calcula fallecieron más de un millón de italianos ¡Equilicuá! estos discretos ventanucos resultaron ser una medida muy eficaz para evitar el contagio de la peste negra: el comprador del chianti, brunello, moscadello o rosso depositaba las monedas en un platillo que recogido hacia el interior era desinfectado con vinagre y los tenedores de estómagos hidrópicos disponían del equivalente en vino; total, se evitaba todo contacto interpersonal, se comerciaba, o sea, se ingresaban florines sin riesgo de contraer la peste, y el sediento, olvidaba con la embriaguez del morapio, la segura y inexorable pérdida de familiares infectados de bubones, y a lo peor, la suya propia. Ingenio renacentista.
Debieron pensar algo así:

"Signore, ora chiudiamo la porta di Palazzo
e aprire la buchetta del vino
per riempire di monete il nostro portafoglio
e le strade di ubriacos o morto in silenzio".

Nemetto della Ballena.

Hoy, 17 de Agosto del año 2.020, los florentinos, atosigados durante meses por la epidemia del coronavirus, se han acordado de las buchettas del vino, y las 150 aproximadamente que aún quedan, se abren nuevamente después de siglos cerradas. Ahora, a través de ellas, se despachan helados, penne para evitar la pena de morirse hambriento y con el maldito bicho, pan, bebidas, billetes de entrada a la casona palaciega que seguro que ahora es un museo, y son sólo de ida, claro, por si acaso.
En fin, siguen siendo tan eficaces y útiles como en el Renacimiento.

Va bene, debo ammertterlo, bravissimo Cosimo!

Nemo.

Fotografía: Markus Lieben.
Tiesto y texto: Nemo.
Poenema: Nemetto della Ballena y Nemo, a pachas, digo.
Localización: una calle de Florencia.

P.D.
Se admite sonreír. 

domingo, 2 de agosto de 2020

Miedo.




                                   Miedo.

                  Fotografía: Markus Lieben.

domingo, 26 de julio de 2020

Entra sin llamar.




              Verano parkinsoniano el del 20.
                      Isla Canela. Huelva.





             Veladura de una escena de playa.
     Frente a la Gola, allí, en la desembocadura,                           en la raya que marca
             un banco de caballas matuteras
   fue donde una celosa bala lusa asesinara a                          Antonio el marinero,
        el amor trágico de María la portuguesa.
        Esta tragedia romántica de frontera fue            musicada con aires contrabandistas por             Carlos Cano, en un fado coplero, éste sí,           eviterno, lo que no consiguió llegar a ser el                            amor al que canta.





                       Anillo de tormenta.





                         Fumarolas de luz.
                                   Cádiz.
   



             Un anuncio publicitario y vuelvo.

               Yodimina. Bronceado eficaz.
            Fórmula magistral. 69 céntimos.
                                  Cádiz.





            Cielo confinado en una fotografía.





   Cielo sevillano desdibujado tras el robo de                      una primavera veinteañera.





                     Tiesto sin patrocinador.






               Panza de tormenta sanguínea                                sobre la línea de las azoteas.





Mancha de pinos en un parque de Sevilla-Este
-al este del Edén- allí donde habitualmente
se agazapa la bujarrrilla de patas naranjas
-bujarrius ibéricus- al rececho de los visitadores que mejor la ojean y entienden.





             Trigal sin tigres, ni siquiera triste.
   Quiere decir algo ¿lo escuchas tú también?





                                Sólo sol.






                        El adoquín lapidario.

Vale que soportemos adherirse a nuestra faz los pegajosos chicles escupidos por vuestros caprichosos infantes, marcándonos de cicatrices por la dichosa Viruela del acetato vinílico, bueno está; y a veces, en las madrugadas de los fines de semana, aguantamos con estiocismo los distintos Nilos derramarse sobre nuestro atlas viario -incluso el Nilo Rojo de reyerta navajera-; no faltan tampoco los vómitos con tropezones de algún novio en la vísperas de su boda; pasen las micciones apremiantes, furtivas y etílicas al refugio de la oscuridad anónima. Entiendo la flojera prostática, tanto como un urólogo, ¿y su exhibicionismo juguetón haciendo el Mannneken Pis?, sé que es tan tentador como inevitable, me hago cargo; pero, lo que nos duele sobremanera es el paso zancudo de pasarela, de lucimiento, que señoras y señoritas, recién herrados sus pares de zapatos, afilados en el torno del zapatero sus astifinos tacones, nos clavan como rejones saeteados por las ballestas tensas de sus tangas en nuestros deslomados dorsos, hieren nuestras juntas intercostales de argamasa, que tendidas al sol mitigan los rigores de la ciática del mortero, o las siempre dolorosas contracturas por dilatación, habituales en todas las calles peatonales construidas por subcontratas de subcontratas.

Sólo nos alivian de nuestros achaques los riegos a manguera -a cañoterao decimos nosotos- que cerca ya del amanecer, nos regalan los Sumos Sacerdotes de las Bocas Hidrantes. Este bautismo diario, purificador, renovador e iniciático renueva nuestra fe en El Buen Paso, en el caminar despacio, en el errar sin yerro, aquello que nos enseñará nuestro Divino Señor del Adoquín Lapidario y del Callejón empedrado y su más egregio apostol San Émulo Royoduro antes de morir, lapidado por los fanáticos fieles heréticos y sectarios de la Iglesia Plástica y Polimérica de los Antepenúltimos Vinilos.

Nemo.





                      Cigüeña en el estero.
                          Punta del Moral.





                         Cormorán mantujo.


Fotografías: Markus Lieben.
Tiestos y texto El Adoquín Lapidario: Nemo.


domingo, 12 de julio de 2020

Boceto del Puente Quinto Centenario.





                      Dibujo a lápiz de Nemo.

                  -Puente Quinto Centenario-
                  Fotografía: Markus Lieben.

domingo, 21 de junio de 2020

Lo perdido. Dos, punto, dos.



                               Lo perdido.
                              
                                    ".....
                      Ahogo el crepúsculo
                           y no encuentro
                       al ladrón de mi eco
                     escucho, sólo silencio
                        tiempo moribundo
                         de quien aún vivo
                    se muere cada segundo.
                                     .....".


                             Dibujo: Nemo.
                          Tiesto y poenema
              -estrofa de Lo perdido-: Nemo.
                   Fotografía: Markus Lieben.
                       

domingo, 14 de junio de 2020

Viento del este.





                            Dibujo: Nemo.
     Tiesto: Rnesttata Hammatta-Hammatta.
                  Fotografía: Markus Lieben.

Tiesto.
Si tras contemplar el dibujo te has quedado in albis o como un San Sebastián espetero, traspasado por la estupefacción que produce lo críptico, lo alegórico, te sugiero escuchar la canción "Viento del este" de Loquillo. Después, quizá entiendas, o no. Insisto, lo de entender, explicar, interpretar, está demás. Tú, míralo y encuentra el lagarto, y ya está, ¡hala!

             Rnesttata Hammatta-Hammatta.


domingo, 24 de mayo de 2020

Saetera.


Saetera de Orbe y Cruz.

Dibujo: Nemo.
Técnica: Carboncillo.
Fotografía: Markus Lieben.

Saetera del Castillo de Alcalá de Guadaira.
S. XII. Sevilla.

domingo, 17 de mayo de 2020

Divertimento infantil de un nombre.














                             Dibujos: Nemo.

                              Idea peregrina:
              Rnesttata Hammatta-Hammatta.
               
                  Fotografías: Markus Lieben.

domingo, 10 de mayo de 2020

Silueta.





                              Dibujo: Nemo.
                   -Cera blanda sobre papel-.
                  Fotografía: Markus Lieben.

domingo, 19 de abril de 2020

Advertencia sobre "Un asno llamado Miércoles".



             ADVERTENCIA sobre
      "Un asno llamado Miércoles".


¿Qué coño quiere decirnos el autor, qué significa el dichoso burro?
¿Obedece a alguna traumática experiencia personal que intenta exorcizar sin pasar por el diván?
¿Es lo representado una ensoñación onírica de algo que habita en el tenebroso subconsciente del autor?
¿Es un vacile, una chanza antianimalista del pollino y su especie, o tal vez una burla a aquéllos que intentan desentrañar algún críptico galimatías oculto en el cuadro?, por cierto esto último es un habitual recurso alegórico de este difícil artista.

"-Desconfíen ustedes de las verdaderas intenciones y valores de este pintamonas-", ha dicho el crítico de arte Luciano Borrón en su columna de la revista Culturetas con goteras, a resultas de su última Exposición Itinerante titulada De la ceca a la Meca que ha mostrado sus obras a los ojipláticos pobladores de La Siberia Extremeña y del Valle de los Pedroches; en Almendralejo y su Tierra de Barros fue la comidilla de los braceros en la vendimia, y en Albacete y sus Polígonos Industriales, un paisano fuera de punto rajó con su navaja la obra maestra del desahogado maestro. El remiendo del paletista, a base de tiritas y esparadrapo con el que apañó y suturó los cortes del lienzo, le añadió a la magna obra el dramatismo que le faltaba. Y así, este bizarro autor, de pura chiripa, sin pretenderlo, acrecienta adectos, fama y altura en el Olimpo Plástico.

El rucio, la puerta abierta y la -M- labrada en su frontispicio, la luz que viola flagrantemente la caballera perspectiva del inquisitorial Colorín, severo fedatario, naturalista y paciente veedor y censor de la ortodoxia de estilos; la actitud transgresora del animal cruzando el umbral de la Casa del Amanecer...

Animo a contemplar el pequeño cuadro y darle a las meninges, y sin pudor, exponer en este mismo foro, o en otro, las ocurrencias, sobre lo que a cada cual le sugiera, lo que le parezca y apetezca, vamos.
Obviemos subjuntivamente la calidad plástica de la obra, o no, nadie te puede obligar a considerarla meritoria, y a que te guste, menos. ¡Hasta ahí podíamos llegar!

Una cosa más, tiene el autor dos colaboradores necesarios que poseen, sin saberlo, las claves para desentrañar los enigmas que suscita la contemplación estomagante del cuadro, y son: Breogantino de Oestia y Alieno de Bramante, pregúntenles a ellos y no me miren a mí, que bastante tengo ya siendo el representante y comisario de su obra completa. -¡No te jode!-

Por último, tengo el compromiso del pintor de que revelará, en su blog, lo que él tenga a bien, sea una explicación, el porqué o lo que le salga de los dedos. Quizá aclare el simbolismo latente de la obra, o por el contrario, y como suele hacer, -bien lo sé- emborronará aún más de confusión el tranquilo discurrir de la vida de los seres simples.

Nemo.



Un asno llamado Miércoles.




                  Un asno llamado Miércoles,
                                   de Ernst.

                         Óleo sobre madera.
                       Idea y tiesto de Nemo.
                   Fotografía: Markus Lieben.
       

domingo, 5 de abril de 2020

La cantante.




                       La cantante de Nemo.

                              Pintura: Nemo.
                    Fotografía: Markus Lieben.