El Pali, por nemo.
Amoavé, anónimo guiri, pisas lo que él
más quería: las calles desnudas, sin embustes de alquitrán.
Aquí, él cantó hondo, hasta su última pavía. Bien fuera bajo la sombra leprosa de las parras, o cubierto por el palio de las buganvillas cárdenas, depende dónde colocara su silla. Siempre su quejío cojo reververó con duende en las tapias vestidas de yedra, y, con los ojos transidos por las dioptrías, soñó con un puchero aviado con todos sus sacramentos.
Su voz retrepó los altos muros de los salas llenas y vacías, tablaos como cavernas, tabernas como blocaos de Triana, incluso flageló los silencios remendados a base de boticas en los hospitales con voto de muerte segura.
¡Fite, extraño!, en este pago, el tiempo hurga las paredes, y ellas impúdicas enseñan sus espigas de ladrillo, el cascajo de adobe o, las enaguas con sangre coagulada de siglos pandémicos y violentos.
A menudo, el arcilla eviscerada en la isla de La Cartuja se mezcla con astillas de huesos, y la letra, la escribe un mármol que deletrea el nombre de un difunto. Sabrás dónde estás, si huele a elegía floreada o si la tierra dibuja cruces con memoria de efemérides.
Jihome, -debes saberlo foráneo con cantimplora de Lanjarón-, en este hermoso Hades, Pedro Botero sestea tanto como sesea para cruzar a la otra orilla de Termidor, y no llegar tarde al Tardón.
Además, has de conocer que aquí el viento recorre los horcajos de las rúas, se desespereza en las recoletas y umbrías plazas, mientras las palmeras se mueve al compás ternario de los siete palos, y palmean, sí, como si todos los días fueran Domingo de Ramos. Es más, algunas veces creo oír como los trinos de los pájaros jalean con aje los gorgoritos de las fuentes en los bulliciosos patios de vecinos.
Oirás campanas de mil iglesias repicar como cerezas en una misma cesta Ligustina. Jaleo de zambra gitana, que tiene al sol de candela, y la ropa tendida, de bandera.
Estas vías están tapizadas, zurcidas primorosamente con hilvanes a base de adoquines de Gerena, y nadan como un banco de albures pétreos, corriente arriba del río Betis sobre un mullido lecho de albero, traído de Los Alcores. Huele a conchas marinas, a estero con esturiones, a cangrejos petrificados, o sólo a azahar si es primavera.
Los naranjos perfuman todo el Mar de Tetis, y a los que venís a conocerla, luego ya en vuestra tierra, la evocación se os tornará fantosmia cítrica. Las naranjas serán lunares de la remembranza verde y amarilla con una aureola carmesí que rubricará con un ringorrando en forma de una madeja infinita. Marchamo memorial del viaje.
Además, ya lejos, los bigudíes de los limoneros te amargarán, sí, por la pena de los que no váis a volver aquí, al lugar donde fenicios, tartésicos, íberos, visigodos, romanos, árabes, vikingos, cristianos, o las actuales hordas de viajeros, han tenido un oasis humano sin prisa, con bulla y música, con sol, alegría, arte y vida.
¡Total, Miarma, si tú eres Arial, él era de Clases Cursivas, sin duda!
Más confuso no sé explicarlo, compadre.
El Pali. Clases Cursivas, de nemo.
Glosario:
Amoavé: Vamos a ver.
Fite: Fíjate.
Jihome: Sí, hombre.
Miarma: Cariño.
Aje: gracia, salero, donosura.
Duende: Encanto, estilo.
Tenguerengue: Inseguro, inestable.
Noniná: Vengo a recordar aquí, y si mal no recuerdo, en latín dos negaciones se consideran una afirmación indubitada, cierta y finalizadora, la referida, que son tres, ni te cuento, ¡Noniná!
Exégeta de Guardia para el texto, Ferdinando. Consúltenle a él, yo no estoy para evisceraciones gramaticales, semánticas, o peor, para las agónicas disquisiciones filosóficas.
Gracias por participar. No hay premio. Lo bueno no lo necesita.
Nemo.
Banda sonora sugerida:
"Palabras mayores" por Migue de Antílopez.
Fotografía: Markus Lieben.
Tiesto: El Pali. Clases Cursivas, de nemo.
Ilustración homónima, por nemo.
-Tinta, rotuladores y lápiz sobre papel de libretón-.
Fondos de Mar de los Algotros. Fundición Grisgrís. Sala Tenguerengue. La Ballena.
Valle del Xerete. Mangurria.
Comisario artístico, factótum:
Rnesttatta Hammatta-Hammatta.
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